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Tue, 19 Jan 2010 09:43:02 +0100
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Hola a todos, buenos dias

Qu opinais de este artculo?

 

 

Mueran los 'heditores'!

 

Sufrimos un bombardeo de mensajes que predican, con voz epifnica, que
Internet libera a la cultura de la tirana de los editores y otros
empresarios. Estamos seguros de que, de ser as, represente un claro
progreso?

 

Aristteles distingui hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el
gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si
se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos
mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crtica- para que nos dirijan.
En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos
opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier
materia y profesin

 

En estos das se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la
cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es
oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social,
me parece una amenaza apocalptica.

En el artculo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAS, 24 de
diciembre de 2009) se repetan algunas de esas ideas recurrentes en las que
se predica, con voz epifnica, el advenimiento de una cultura liberada por
fin de las cadenas de los editores. Pero esas cadenas tan esclavizadoras
son reales?

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del ao casi 1.000
manuscritos. En Espaa deben de circular durante ese tiempo ms de 5.000
originales diferentes. La inmensa mayora de ellos son impublicables, como
sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor
(gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre
todos los granos elige aquellos que tienen ms afinidad con su lnea
editorial: literatura de autor, best sellers, creacin experimental... Mi
biblioteca, como la de cualquier lector curtido, est llena de libros de las
editoriales que publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me
he aprovechado de la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix
Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio
profesional de sus editores.

Pero los editores, adems, editan los libros, si se me permite decirlo de un
modo tan tautolgico. Es decir, les aportan valor aadido: hacen
sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el
estilo... Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos
escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinin no son capaces siempre,
aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores
son los nicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a
la vez.

Lo que se nos propone ahora es la desaparicin del editor. La extensin del
modelo de edicin tradicional al e-book, se nos dice, es "perjudicial para
el autor y el lector". Es beneficioso, entonces, que en vez de 150
novedades anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la
Red 5.000 textos sin depurar? Es beneficioso que Jos Saramago y mi prima
Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estn en
pie de igualdad? Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografa,
incoherencias narrativas y redundancias? Y an peor: es beneficioso que
desaparezcan esos libros de no ficcin que impulsan las propias editoriales,
encargndoselos a autores? Quin se ocupar de traducir una novela a otro
idioma, de adelantar el dinero que supone ese trabajo?

En la mayora de los comentarios que predican el nuevo Edn digital se huele
el incienso de la Espaa catlica: ganar dinero es malo, es pecado; el
editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados.

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados slo por llegar a
final de ao, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros
arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho
algunas fortunas con la edicin: y qu? Pero lo peor es que los mismos que
abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las
soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el
propio libro. "Cuando una maana Gregorio Samsa se despert de unos sueos
agitados, se encontr en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho".
Es de eso de lo que hablamos? O de que al cambiar de captulo en Ana
Karenina salte en la pantalla del e-book un banner con un anuncio de
agencias matrimoniales? No s si es que me he hecho demasiado viejo para
entender los cdigos morales de la post-postmodernidad -o lo que sea esto-,
pero reconozco que me escandaliza ver el desparpajo con que se mezcla la
tica de Fidel Castro con la de Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza
al editor empresario y por otro se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola
en mitad de una novela para defender as la independencia autoral y la
libertad del lector. Antes haba "visiones del mundo"; ahora, al parecer,
slo hay ngulos ciegos.

El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al autor
en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se
propone que el autor se comporte como un empresario de s mismo y asuma el
desarrollo informtico y administrativo, la gestin comercial y la promocin
de sus libros.

Es decir, que adems de escribir bien, a partir de ahora para ser autor
habr que tener nimo empresarial, adquirir conocimientos de mrketing,
elaborar banners y pginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red
con nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para
la inversin informtica y los viajes promocionales. Los autores, por tanto,
no slo no cobraramos, poco o mucho, sino que pagaramos para escribir.
Todo ello con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la
inversin que nos permitiese al menos comer. Ese retorno no vendra del pago
-barato o caro- de los lectores, que se considera impertinente, sino de
algn tipo de publicidad como los ya mencionados.

Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en estas
lides? Los autores, sin llegar al tpico romntico, suelen ser seres
inadaptados, neurticos y con una cierta incapacidad para las cosas
terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para
que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la meloda,
dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como
Saramago decida abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos
(no olvidemos que hay autores que no soportan ni las giras promocionales),
pero mi prima Paqui, en cambio, saldra literariamente reforzada, pues es
formidable en las relaciones pblicas y en la promocin personal.

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero est
en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos
para el futuro. Con el e-book desaparecer aproximadamente un 75% del coste
actual del libro -papel e impresin, distribucin, venta minorista y gastos
de financiacin de los invendidos-, de modo que el precio podra abaratarse
enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de
Repsol o de Nokia. La distribucin, por otra parte, sera universal y
perpetua: un libro estara disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20
aos, posibilitando as la difusin ilimitada de los autores, simplificando
al mximo la logstica de las editoriales y permitiendo a cualquier lector
tener acceso a ttulos hoy inencontrables. Y tcnicas de comunicacin
digital como la de regalar el primer captulo de una novela, ahora todava
en paales, podran suponer una nueva revolucin en los costes de publicidad
y una indiscutible garanta para el lector indeciso. Nos parece poco
paraso?

No nos engaemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya editores
ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los privilegios de
unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que transmite.
Oclocracia o democracia, that is the question.

Luisg Martn es escritor; su ltima novela es Las manos cortadas (Alfaguara

 

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Lara Rey Vzquez

Resp. Documentacin y Proyectos

Poligono de Sabn s/n

15142-Arteixo (A Corua)

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6 +34 981 602354

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