Amén a todo, Álvaro.

En una discusión reciente acerca del asunto, llegué al tema de los precios y me llevé una desagradable sorpresa que me fastidió mi argumento de base, que es más o menos el que defiendes: el porcentaje de la distribuidora (Amazon en el caso de Kindle), que supera el 50 %, es decir, el mismo porcentaje que se lleva una distribuidora de libro físico. ¿Cómo repercute eso en el precio de un libro electrónico? Pues, si el 50 % se va en distribuidora, el único ahorro real que representa el libro electrónico es el coste de producción (el precio del papel, grosso modo). Ése es el único aspecto en el que se puede ahorrar. Así pues, resulta que los intereses de la industria van a conseguir que el precio de un libro electrónico sea tan sólo un 20 %, que es el porcentaje aproximado que supone el coste de producción de un libro. Debido al excesivo porcentaje que se van a llevar las distribuidoras, un libro electrónico nunca podrá tener un PVP inferior al 80 % del PVP de un libro físico, cuando podría ser muchísimo menor.

Hablando en plata: si las editoriales y distribuidoras repiten los errores de las industrias discográfica y cinematográfica, los usuarios van a repetir pautas de comportamiento. Y esto va a redundar en perjuicio de las editoriales y de las personas que trabajamos en el sector, porque ¿de dónde van a reducirse costes? De traducción, de corrección, de maquetación, de personal en plantilla...

Como resumen, Álvaro, los que veíamos que el libro electrónico podría ser la tabla de salvación del negocio, precisamente porque podría democratizar la edición y aumentar la venta de fondo de las editoriales (que editarían en formato electrónico, sin riesgo comercial, títulos poco comerciales o descatalogados), nos encontramos con que nuestra premisa era falsa: el libro electrónico tiene un coste de producción casi nulo, cierto, pero los costes de distribución son prácticamente los mismos que en papel, o tal vez sean mayores. De ahí que tengan una incapacidad estructural para bajar el PVP hasta los porcentajes que creíamos lógicos y deseables.

Es de locos.

Abrazos,

Juanma.

El 9 de febrero de 2010 15:04, Álvaro M. G. <[log in para visualizar]> escribió:
El término "Piratas" me parece ofensivo, teniendo en cuenta que compara a personas que comparten archivos en internet con personas que asesinan o usan la violencia para robar, asesinar, violar mujeres, etc... generalmente en o desde el mar.
El tema de "descargas ilegales" lo mismo. En España no es ilegal la descarga de archivos con copyright (excepto el software, que es un tema a parte) siempre y cuando no haya ánimo de lucro en el uso de esos archivos, y hay sobrada jurisprudencia al respecto.
Empleando esos términos ("piratería", "descargas ilegales") lo único que se consigue es desinformar a la sociedad respecto a sus derechos y hacer el juego a entidades de gestión de derechos de autor (más bien de "derechos de copia") cuya ética es cuando menos, discutible, recordemos que ahora exigen un aumento del canon a las bibliotecas (entre otras cosas).

Respecto al tema de los e-books, tal vez los precios abusivos sobre un producto con un coste mínimo. Pensemos en que un libro de papel, hay que imprimirlo, encuadernarlo, distribuirlo y venderlo en tiendas físicas. En el caso de un libro digital, todos esos gastos desaparecen. Entonces ¿por qué la mayoría de los ebooks tienen un precio similar ( si no mayor) al de algunas ediciones de bolsillo, cuando los gastos de producción/distribución son nulos? La gente no es tonta, y el único incentivo a que compren por internet en lugar de descargarlo gratis, que no "ilegalmente" sería una bajada sustancial de precios, hablo de que no cuesten más de  3€ por libro o así.
Otro tema en cuestión son los DRM una medida tan inútil como incómoda y abusiva para aquellos que compran e-books: Para empezar, igual que el anuncio en que insultan llamando ladrones a los que descargan películas de internet, sólo  lo llevan los ficheros adquiridos por canales comerciales. El DRM impide, por ejemplo, que yo le preste a un amigo un libro que he adquirido, cuando nada me impide prestar un libro de papel. Hasta ahora, al comprar un libro, este pasaba a ser de mi propiedad, para hacer lo que quisiera con el y prestarlo a quién me diera la real gana ¿si lo compro digital no es mío? Y eso nos lleva a asuntos más graves: Amazon sustrajo de los Kindle de algunos clientes, los ejemplares que compraron de 1984, debido a un problema legal con los derechos de esa obra. Ni siquiera pidieron permiso, simplemente, gracias al software DRM incorporado al dispositivo,  accedieron al mismo y borraron los libros. Eso con un libro de papel es imposible e impensable.

Resumiendo: O bajan mucho los precios y retiran los DRM para que un libro digital adquirido en una tienda on- line sea tan mío como uno de papel, o no van por buen camino. Y llamar "ladrones" y "piratas" a los internautas, sus potenciales clientes, no es una buena campaña de marketing.

Un saludo

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Álvaro Meléndez Galán
Dip. en Biblioteconomía por la UEx

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