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Moderadores: Carlos Subirats (U. Autónoma Barcelona), Mar Cruz (U. Barcelona)
Editoras: Paloma Garrido (U. Rey Juan Carlos), Laura Romero (U. Barcelona)
Programación y desarrollo: Marc Ortega (U. Autónoma Barcelona)
Directoras de reseñas: Alexandra Álvarez (U. Los Andes, Venezuela), Yvette Bürki (U. Bern/U. Basel, Suiza), María Luisa Calero (U. Córdoba, España)
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ISSN: 1576-3404
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Reseña:
Mendívil Giró, José Luis. 2009. Origen, evolución y diversidad de las lenguas. Una aproximación biolingüística. Frankfurt am Main: Peter Lang
Autor/a de la reseña: Ángel López García


Ángel López García. Reseña de José Luis Mendívil. 2009 Origen, evolución y diversidad de las lenguas. Frankfurt am Main: Peter Lang

La selva de lo que se suele llamar Biolingüística es inextricable. La pretensión de que una teoría que considera el lenguaje como un órgano mental goza eo ipso de marchamo científico -distintivo que, por otro lado, niega a las teorías competidoras- no puede resultar más pueril, pues en rigor no hay ninguna escuela lingüística que piense lo contrario. La diferencia entre la gramática generativa y las demás habría que plantearla en el único terreno de validación que admiten las teorías científicas, el de la contrastación empírica. Por desgracia la condición biológica de la llamada gramática universal postulada por Chomsky no se ha demostrado nunca, es una mera hipótesis de trabajo. Tampoco la demuestra este libro, pero sí ofrece argumentos convincentes para concluir que la evolución de las lenguas se produce more biologico. La pregunta es si ello, aparte de validar la calidad científica de la obra que comentamos, puede servir de argumento en favor de la gramática generativa. Da la impresión de que J. L. Mendívil ha necesitado meterse en este sendero tortuoso con un paraguas de protección, más académico que epistemológico, y ha optado por el mencionado paradigma. Sea como sea, este libro representa una aportación original y novedosa a la verdadera Biolingüística -es decir, a la Lingüística que se sirve de métodos y conceptos tomados de la Biología- por lo que será muy bien acogido por los lectores sin prejuicios y -me temo- visto con alguna reticencia precisamente por los partidarios de la postura que dice defender.

La cuestión se presenta como sigue. Mendívil parte de los planteamientos de August Schleicher, autor que tanto influyó en Darwin y fue influido por él, para reformular la relación entre las especies biológicas y las especies lingüísticas en términos modernos, en concreto dentro del llamado modelo antineodarwinista de Eldredge y Gould. Tras repasar las razones de la analogía establecida por Darwin entre lenguas y especies, se plantea las razones de la diversidad de unas y otras y concluye que el motivo es el mismo: el cambio. Las especies cambian a instancias de mutaciones genéticas en los individuos que las componen: las lenguas, afirma Mendívil, lo hacen a causa de los reanálisis operados durante el proceso de adquisición. Es un punto de vista novedoso que merece la pena investigar. El modelo naturalista de Eldredge y Gould plantea que la unidad básica de evolución es la especie y no el gen; similarmente, Mendívil sostiene (p. 93) la siguiente homología: el organismo es a la lengua-i de cada individuo lo que la especie a la lengua-e de una comunidad hablante; a su  vez los genes serían el equivalente de los parámetros y el ADN, el de la GU. La propuesta de considerar la lengua-i como actor principal de la evolución lingüística representa a mi modo de ver la aportación principal de Mendívil al tema y no me cabe duda de que tendrá seguidores. Tengo algunas reservas de menor entidad, como su rechazo a aceptar la mezcla de lenguas, algo difícil de argumentar desde los trabajos de Schuchardt sobre las Mischsprachen y la evidencia de fenómenos como el guarañol, pero se trata de cuestiones de matiz. Comparto plenamente su idea de partir del modelo de equilibrio interrumpido (de hecho es lo que se postula en mi trabajo “L'equilibre interrompu et l'origine du langage”). Me parece brillante su propuesta de que los actores de la evolución lingüística no son los hablantes que actúan (a la manera de Croft), sino las lenguas-i, es decir, el conocimiento que cada hablante tiene de su lengua. En cambio, ya no veo tan clara la proporción entre ADN/GU y genes/parámetros.

Pero el problema no está en la propuesta de Mendívil, sino en su forzada adscripción al paradigma generativista. Es evidente que los desarrollos de la teoría de parámetros como opciones de la GU son absolutamente insuficientes para dar cuenta de la tipología de las lenguas del mundo. Mendívil lo destaca varias veces y opta por una solución audaz e imaginativa que constituye otro turning point de este trabajo: la de situar la variación lingüística en la periferia del sistema atribuyéndola a mecanismos similares a los que dan lugar a la especiación. Sin embargo, como no acaba de romper el cordón umbilical que lo liga a la gramática generativa, se ve obligado a atribuir dichos parámetros que cambian a instancias de la evolución a esa fantasmagórica GU a la que ha llegado el minimalismo, de manera parecida a como los genes dependen del ADN. Pero mientras que los parámetros son opciones de la GU, los genes no son opciones del ADN, están hechos de secuencias de ADN, que es muy diferente.

Consciente de esta dificultad, hay un momento (p. 112) en el que compara la GU a los genes reguladores del tipo hox (los que establecen la secuencia lineal de los órganos de un animal por ejemplo) y los parámetros a los genes estructurales que disponen la forma de los órganos concretos. Ello explicaría cómo dos lenguas diferentes remontan a la GU a pesar de que cada una adopta una conformación paramétrica distinta. Sin embargo, esta analogía también tiene sus riesgos. Al fin y al cabo los genes hox pueden mutar, de manera espontánea o inducida, algo que está completamente vedado a la estructura del ADN y al propio código genético. Lo más sencillo sería suponer simplemente que el código genético representa el correlato formal de la GU, lo cual permite hacer una predicción arriesgada, pero digna de ser investigada, como es la de que no sólo constituye su modelo formal, sino también su origen biológico.

A mi modo de ver el lector hará bien en tomar este libro como lo que es, un paso adelante en nuestro conocimiento de los mecanismos que rigen la evolución y la diversificación lingüística, prescindiendo de sus obligadas referencias a la ortodoxia del modelo. El autor sabe kuhnianamente que los paradigmas científicos se perfeccionan en los márgenes y que a la postre el modelo acaba por verse trastocado en su conjunto. Sólo que no acaba de atreverse a dar este paso. Por ejemplo, su punto de partida tipológico, la propuesta de Baker, presupone una jerarquía de sistemas propia de un modelo evolucionista, que es un modelo inductivo, no de un modelo deductivo en el que todas las posibilidades son equiprobables. Sin embargo, Mendívil afirma que la tipología inductiva permite falsar la GU deductiva como si ambos métodos fuesen compatibles. Pero no es así: hay ciencias hipotético deductivas, cuyas predicciones deductivas son falsadas empíricamente, y ciencias inductivas que proceden por análisis progresivos de un corpus. La salida a este dilema gnoseológico se presenta para Mendívil en forma de discriminación modular: “A lo largo de toda esta obra hemos asumido que la sintaxis no es un hecho cultural anidado en las lenguas, ni en la respuesta a las presiones externas, sino que es el núcleo esencial del lenguaje, que está naturalmente condicionada y que es insensible al entorno, al cambio y a la variación. Por el contrario, hemos asumido que es la morfología la responsable de buena parte de la diversidad estructural de las lenguas (229)”. He aquí un punto de vista audaz que comparto en lo esencial y a cuyas entregas futuras quedamos emplazados en la confianza de que ofrezcan un modelo más plausible que la extravagante analogía de Uriagereka, en la que se compara la morfología con una infección viral. Algunos críticos dirán que la  versión minimalista de la sintaxis se presenta como un algoritmo de concatenación trivial y que seguramente este fondo común a todas las lenguas se debe parecer mucho más al modelo de principios y parámetros, pues la mera concatenación y fusión de símbolos caracteriza a todos los procesos mentales, ya que las sinapsis neuronales de las diferentes especies animales funcionan así. Otros objetarán que es precisamente la morfología la que parece verse afectada por las mutaciones del gen FOXP2, el célebre “gen del lenguaje” del que tantas inexactitudes se han escrito últimamente. Pero el trabajo de Mendívil ha encendido una llama de inquietud en un problema que nos concierne a todos y estas dificultades no son sino estímulos para una investigación que habrá que continuar en los próximos años.

Versión en PDF:
http://www.infoling.org/reviews/pdfs/NB173.pdf

Información en la web de Infoling:
http://www.infoling.org/informacion/Review75.html