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C3±adidos ni mermas formales. Si bien en este caso cabe interpretarlas como portadoras de una novedad discursiva que intensifican o se emplean a modo de refuerzos persuasivos respecto al original. Finalmente, el tema puede además experimentar una reducción, eliminándose bloques textuales mediante repeticiones que resumen lo que el hablante considera esencial en su planteamiento lógico.

En consonancia con las propuestas teóricas de Gülich y Kotschi (1995), la autora de esta monografía considera que las repeticiones se inscriben entre los procedimientos de reformulación, ya que permiten la reparación discursiva. Sin embargo, la concepción de Camacho Adarve conlleva una importante novedad respecto a la de los lingüistas antes citados, y es que estos consideraban que la repetición es siempre de carácter parafrástico. En cambio, como logra demostrar en este estudio, dentro de la repetición cohesiva pueden englobarse tanto procedimientos parafrásticos como no parafrásticos. Así, las “repeticiones reformuladoras parafrásticas” generan actos, enunciados o microactos discursivos que conllevan siempre una transformación pragmática añadida respecto al segmento reiterado. De ahí que, del mismo modo que sucede en la paráfrasis, no exista identidad absoluta en la repetición, pues esta entraña distintas connotaciones o mensajes pragmáticos.

Por otra parte, cabe destacar también la existencia de “repeticiones reformuladoras no parafrásticas”. A diferencia de las arriba mencionadas, estas no generan unidades discursivas ni implican aportaciones de carácter pragmático, ya que su función primordial es la de actuar como conectores textuales, delimitando secuencias temáticas y actuando a modo de guías de la cohesión y de la coherencia. Podría decirse que se comportan de un modo similar a los marcadores textuales del discurso, de manera que en la articulación temática se comportan como “marcadores de correferencia estricta” que hacen posible la estructura temática. Además, en la desarticulación temática pueden ser “marcadores digresivos de ida” –en desvíos suaves de tema–, o “marcadores de falsas repeticiones” –en desvíos más bruscos–. Incluso son susceptibles de adquirir un valor metadiscursivo cuando la digresión responde al deseo del hablante de aclarar el sentido de un término que considera potencialmente ambiguo –en el caso de las autorrepeticiones–, o al del interlocutor que solicita que este sea desambiguado –lógicamente, debe hablarse en este caso de heterorrepeticiones–. Por último, favorecen la rearticulación temática cuando se comportan como “marcadores digresivos de vuelta” –mostrando cómo se retoma un tema o subtema anteriormente abandonado–, como “marcadores de corrección” –al modificar algún segmento del discurso que el hablante considera poco apropiado–, o a modo de “marcadores rellenadores” –los cuales reparan la búsqueda de la expresión adecuada, permitiendo la continuidad discursiva–.

Los capítulos que integran la segunda parte analizan cuáles son las funciones interactivas que desempeñan las repeticiones. Estas se producen de manera simultánea a las de la cohesión textual, favoreciendo que gracias a ellas exista también una llamada cohesión socioafectiva. Y es que el estudio pormenorizado de cada repetición permite conocer los sentimientos y actitudes de quien la utiliza. De ahí que Camacho Adarve las considere “vehículos de relación afectiva y social entre los hablantes” (p. 143). Como reconoce la propia autora, “a primera vista puede parecer una osadía el hecho de someter a reglas las relaciones personales entre hablantes, cuando las tendencias actuales sobre la cortesía suelen ser taxativas en cuanto a lo variable, heurístico y escalar” (pp. 144-145). Sin embargo, desde época muy temprana autores como Barlett (1932), Schegloff, Jefferson y Sacks (1977), Pomeranz (1978), Bach y Harnish (1979), Jacobs y Jackson (1982) y Levinson (1983), entre otros, ahondaron en la búsqueda de principios colectivamente admitidos como favoritos o, por el contrario, rechazados por los usuarios de una lengua. De hecho, ya en los años cincuenta de la pasada centuria desde la Estilística se advirtió la necesidad de analizar la incidencia que la repetición intensificadora puede tener en la afectividad del individuo. Así, Kayser (1952) llegó a considerar la repetición como un recurso fruto de las necesidades expresivas del hablante y de su forma de relacionarse con sus semejantes. No en vano, las interacciones sociales se rigen por una serie de normas que son las que hacen posible la convivencia. Estas se extienden hasta lo lingüístico, y se materializan en todo lo relativo a la cortesía discursiva. La autora de esta monografía va más allá y logra demostrar que es posible identificar la forma invariante de las repeticiones, en lo que concierne a las relaciones sociales. Ello le lleva a afirmar que: “Bajo las etiquetas de cohesión y reformulación, puede abrigarse algún sentimiento de universalidad proyectado en las conductas de colaboración por parte de quien pretende o simplemente consigue coherencia en sus enunciados, lo cual nos indica que el vínculo entre forma y función en muchas ocasiones se puede aislar” (pp. 155-156). De hecho, la función interactiva predominante que la repetición realiza en un determinado intercambio puede dar lugar a un conjunto de presuposiciones compartidas por toda una comunidad lingüística, no privativas por tanto de los responsables de tales enunciados.

Cuatro son las actitudes principales que las repeticiones suelen connotar en la interacción. Las más positivas son las “funciones empáticas”, susceptibles de analizarse en el marco de las teorías sobre la cooperación y la cortesía. Estas se manifiestan especialmente en unidades discursivas que contienen felicitaciones, acuerdos, elogios o permisos. A continuación pueden identificarse las “funciones apáticas”, caracterizadas por su carácter neutro, ya que suelen encontrarse en enunciados que desde el punto de vista afectivo se consideran indiferentes. Por ejemplo, en interacciones de carácter transaccional. Más heterogéneas son las “funciones anfibológicas”, ya que dependen de la macroestructura pragmática. Así, suelen encontrarse en enunciados revestidos de humor, o con los que se pretende transmitir sorpresa. Por último, en el polo más negativo de la escala se sitúan las “funciones antipáticas”, impregnadas de hostilidad y rechazo hacia el interlocutor. Estas resultan frecuentes, por ejemplo, en heterorrepeticiones ecoicas con las que se manifiesta rechazo hacia las palabras formuladas por el interlocutor, y también pueden encontrarse en desafíos, amenazas, mandatos o insultos.

Precisamente los tres últimos capítulos de esta monografía ahondan en el análisis más pormenorizado de tal tipo de funciones. Las empáticas hacen que las repeticiones desencadenen una serie de estrategias para “adaptar el discurso del hablante a sus interlocutores y obtener aprobación social, independientemente de los fines prácticos, ya en situaciones rígidas de etiqueta y protocolo, ya en situaciones más familiares (con fórmulas más amistosas y de complicidad), ya en situaciones intermedias de formalidad” (p. 167). En definitiva, se trata de funciones interactivas con las que se persigue la cooperación o, de un modo general, intensificar la cordialidad. Por ejemplo, en ciertas órdenes la reiteración suaviza el carácter del imperativo: “Entre usted, entre usted” (p. 168). Además, para implicar a los contertulios despistados del tema el hablante puede optar por la producción de una autorrepetición seguida de un comentario breve sobre el contenido que se estaba tratando antes de su llegada o de su desconexión. A esta categoría pertenecen también las “heterorrepeticiones reparadoras empáticas”, que permiten salvaguardar la imagen ajena, y aquellas cuya principal finalidad es la de lograr la atención por parte del oyente o, simplemente, la de generar un sentimiento lúdico haciendo uso del humor. Por último, las repeticiones realizan también una función empática en las acciones temático-ilocutivas, ya que con frecuencia contribuyen a otorgar consenso acerca del asunto que se va a tratar o cerrar y, además, facilitan el procesamiento del mensaje, ayudando al hablante a construir sus enunciados o facilitando la re-adopción de un tema.  

En el polo opuesto se sitúan las repeticiones que se utilizan para manifestar un distanciamiento afectivo del hablante hacia su interlocutor, mostrando su disconformidad o desacuerdo. Destacan aquí las repeticiones paródicas, en las que un enunciado iterado es extraído de su contexto original y convertido en ridículo o ilógico, con el consecuente resultado grotesco: “H1: ¿por qué me dices esas palabritas tan dulces? no te excedas que a lo mejor no resisto la felicidad H2: pueees a lo mejor esas palabritas tan dulces te las digo porque te las mereces ¿no hija mía?” (p. 215). Además, en situaciones de precipitación las reiteraciones pueden ser utilizadas por parte de un hablante que se considera con autoridad suficiente sobre sus interlocutores como para urgirles a actuar de una determinada forma, poniendo de manifiesto la fuerza ilocutiva de sus palabras: “Por favor/ venga venga venga vamos vamos vamos que no termináis ni en un siglo. ¡Qué gente! ¡pero más rápido! vamos vamos” (p. 222). Frecuentes resultan también las “repeticiones pedagógicas”, empleadas por los docentes para que sus alumnos logren retener los aspectos más relevantes de sus enseñanzas: “H1: es de este modo cómo va introduciéndose el Romanticismo en España/ tuvo mucho que ver el exilio en esta cuesitón/ entonces Fernández ¿cómo decíamos que va introduciéndose el Romanticismo en España? H2: pues fue entrando por medio del movimiento ese alemán […]” (p. 222). Además, todos hemos utilizado alguna vez heterorrepeticiones o citas discordantes de orientación contraargumentativa, que denotan una estrategia hábil de manipulación de la imagen del interlocutor: “H1: no tiene vuelta de hoja/ COGES y te la pones si tienes calor. H2: Si tienes calor tú lo has dicho” (p. 224). Este tipo de iteraciones, con las que se disiente del enunciado formulado por el interlocutor, se manifiestan por medio de formas morfosintácticas muy diversas sometidas a riguroso análisis por parte de Camacho Adarve.

El último de los capítulos de esta monografía se centra en el estudio de otras posibilidades interactivas de las repeticiones, en concreto, en aquellas que no pueden adscribirse ni a actitudes de cercanía o cortesía ni a las contrarias, de hostilidad o alejamiento. Se atiende aquí al contenido semántico de las repeticiones ajustándose al significado más puramente transaccional, especialmente en lo tocante a la progresión temática, en el marco de la coherencia, o en otras actividades discursivas percibidas por los oyentes como de carácter neutro. Y es que, como planteaba ya Freud (1963): “¿Quién no ha repetido alguna palabra o expresión hasta la saciedad por el propio placer de repetir?”.       

Referencias bibliográficas

Bach, K; Harnish, R. M. 1979. Linguistic communication and speech acts. Massachusetts: The MITT Press.

Barlett, F. G. 1932. Remembering: a study in experimental and social psicology. Cambridge: Cambridge University Press.

Freud, S. 1963. Jokes and their relation to the unconscious. Nueva York: Norton.

Gülich, E.; Kotschi, T. 1995. “Discourse Production in oral Communication. A study based on French”, Research in Text Theory, 21, pp. 30-66.

Jacobs, S.; Jackson, S. 1982. “Conversational argument: A discourse analytic approach”, en J. R. Cox y C. A. Willard (eds.), Advances in Argumentation Theory and Research. Carbondale and Edwardsville: Southern Illinois University Press.

Kayser, W. 1952. Das sprachliche Kunstwerk, Berna [Trad. al español: Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid: Gredos, 1968].

Levinson, S. C. 1983. Pragmatics. Cambridge: Cambridge University Press.

Pomeranz, A. 1978. “Compliment Responses: Notes on the Cooperation of Multiple Constraint”, en J. Schenkein (ed.), Studies in the Organization of Conversational Interaction. Nueva York: Academic Press, pp. 79-112.

Schegloff, E. A.; Jefferson, A.; Sacks, H. 1977. “The preference for self-correction in the organization of reparir in conversation”, Language, 53, pp. 361-382.

Versión en PDF:
http://www.infoling.org/reviews/pdfs/NB126.pdf

Información en la web de Infoling:
http://www.infoling.org/resenas/Review141.html