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ml:lang=3D"es-ES" lang=3D"es-ES">yo puede servir como un de=C3=ADctico enfatizador, el t=C3=BA como una forma de generalizaci=C3=B3n del interlocutor al que uno se dirige y el que habla a la vez (p. 88). Igualmente, el nosotros puede emplearse como una forma para articular solidaridad, y la tercera persona para poder =C2=ABdesignar un referente colectivo indefinido=C2=BB (p. 90). Este =C2=ABmodelo del funcionamiento de= la deixis personal en la gram=C3=A1tica oral=C2=BB permite relacionar distinto= s grados de abstracci=C3=B3n en los referentes. En algunos casos, estos son el mundo real y las referencias concretas de los hablantes, y en otros son m=C3=A1s bien mundos hipot=C3=A9ticos. Encontramos que este planteamien= to refleja de manera m=C3=A1s fiel la forma como se emplean los de=C3=ADcticos discursivamente. No obstante, los datos provienen =C3=BAnicamente de tres conversaciones entre tres informantes.

En el Cap=C3=ADtulo 4, =C2=ABMitigaci=C3= =B3n del compromiso asertivo y mecanismos argumentativos en la oralidad: los operadores de debilitamiento=C2=BB, Estrella Montolio Dur=C3=A1n examina lo= s operadores en principio, de momento / por el momento, por ahora y en teor=C3=ADa. Ella observa la= s similitudes funcionales que estos tienen en el discurso, al igual que sus diferencias, ampliando as=C3=AD un trabajo anterior. Los ejemplos, provenientes de Espa=C3=B1a y de Chile, se han sacado del Corpus de Referencia del Espa=C3=B1ol Actual (CREA) de la RAE. El examen de Montolio Dur=C3=A1n muestra que estos operadores funcionan como mecanismos de debilitamiento en la medida que los hablantes los emplean para marcar un distanciamiento de la verdad de lo dicho o como una indicaci=C3=B3n de que la informaci=C3=B3n dada tiene un elemento de provisionalidad, o sea que puede haber cambios en la situaci=C3=B3n descrita en un lapso de tiempo no tan lejano. Es m=C3=A1s, estos operadores ocurren seguidos de un elemento contra-argumentativo que refuerza este car=C3=A1cter debilitador= =2E El contraste entre los patrones sint=C3=A1cticos y los usos de estos operadores revelan dos grupos: =C2=ABmientras que, por ahora / por el momento / de momento son operadores de predicado, en principio lo es de la predicaci=C3=B3n=C2=BB (p. 1= 16). Igualmente es interesante observar que en teor=C3=ADa coincide en el u= so con el operador temporal en principio.

Lars Fant, en cambio, en el cap=C3=ADtulo= 5, =C2=ABModalizaci=C3=B3n discursiva en el di=C3=A1logo oral=C2=BB, propone a= nalizar la modalizaci=C3=B3n discursiva, bas=C3=A1ndose en la teor=C3=ADa de la dialog= icidad (esbozada en el cap=C3=ADtulo 2 de este libro). Sus ejemplos provienen de diversos corpus orales y de distinto tipo de actividades comunicativas. Una noci=C3=B3n esencial en este tipo de an=C3=A1lisis es la= de ‘potencial significativo’ de todo elemento ling=C3=BC=C3=ADstico= =2E Este concepto asume que en todo componente ling=C3=BC=C3=ADstico existen distintas redes de significados, algunos nucleares y otros m=C3=A1s bien perif=C3=A9ricos, que se van a actualizar dependiendo del contexto. Una forma de situar el significado es mediante la modalizaci=C3=B3n. De esta manera, los hablantes acent=C3=BAan o mitigan, seg=C3=BAn su voluntad comunicativa, algunos aspectos de sus expresiones. Esto se consigue con el empleo de marcadores del discurso o formas gramaticales tales como tener que + INF, o =C2=ABdeterminantes calificadores y cuantificadores=C2=BB (p. 124). Fant distingue tres grupos de modalizadores. En primer lugar, est=C3=A1n los que se refieren al grado de confiabilidad del discurso expresado, denominados modalizadores epist=C3=A9micos, como por ejemplo evidentemente= , en realidad, etc. El segundo grupo expresa el grado de intersubjetividad de los hablantes con formas como claro, por supuesto. Es m=C3=A1s, a trav=C3=A9s de ellos los participantes pueden llegar a =C2=ABestablecer el consenso necesario para resoluci=C3=B3n de problemas=C2=BB (p. 129). Por =C3=BAltimo, est=C3=A1n lo= s que modifican el grado de acierto comunicativo, que pueden ser comentarios metaling=C3=BC=C3=ADsticos que describen una planificaci=C3=B3n discursiva = o una autorreparaci=C3=B3n; ejemplos son bueno, por decirlo de alguna manera, digamos etc= =2E El examen de los datos que realiza Fant es detallado. Comprueba precisamente que los modalizadores son polifuncionales. Se=C3=B1ala que siempre se debe hacer un examen puntual conjuntamente con el contexto dial=C3=B3gico.

Los pr=C3=B3ximos dos cap=C3=ADtulos tien= en en com=C3=BAn el estudio de los juicios. En el Cap=C3=ADtulo 6, =C2=ABLos juic= ios orales: un subg=C3=A9nero de lo formal=C2=BB de Antonio Briz, se examina la organizaci=C3=B3n y a la vez se caracteriza un juicio oral como un subg=C3=A9nero discursivo dentro de los g=C3=A9neros formales. Briz observa que en un juicio =C2=ABdomina el registro formal y un alto grado de f=C3=B3rmulas y cortes=C3=ADa ritualizada=C2=BB (p. 155-156). Para efectuar= un an=C3=A1lisis m=C3=A1s preciso, describe componentes extraling=C3=BC=C3=ADs= ticos que  tienen un simbolismo especial para conformar la situaci=C3=B3n y dar forma a lo que es un juicio. Estos elementos son el entorno, las vestiduras del juez, la conformaci=C3=B3n espacial de c=C3=B3mo est=C3=A1n dispuestos los participantes y los roles que cada uno de ellos tiene. Igualmente se describen las distintas fases de este proceso como son el inicio con las acusaciones y la defensa, la fase de pruebas, las conclusiones y el cierre con la sentencia. En breve, se puede observar c=C3=B3mo, aunque un juicio parecer=C3=ADa tener una forma dial=C3=B3gica p= ues se da en un medio oral, no ocurre as=C3=AD en estos casos. Este tipo de evento es un g=C3=A9nero m=C3=A1s bien formal con una alta convencionalizaci=C3=B3n y un orden =C2=ABfijado y preestablecido=C2=BB (p= =2E 153). El juez se presenta como un moderador al que todos se dirigen. Se revela, adem=C3=A1s, que el fiscal y abogados utilizan mucho su tecnolecto, as=C3=AD como estrategias para dar una visi=C3=B3n de certeza y seguridad. Tal vez uno de los elementos que destaca Briz, y que podr=C3=ADa antes haber pasado desapercibido, es la influencia de lo escrito sobre lo oral, en la medida que =C2=ABse oraliza lo escrito, con frecuencia se leen escritos necesarios para la causa etc. (=E2=80=A6) [hay un] uso frecuente, incluso abusivo de esas f=C3=B3rmulas rituales y de esas combinaciones de formas fijas, cultismos, latinismos=C2=BB (p. 157). En cambio, Mar=C3=ADa Bernal, en el cap=C3=ADtulo 7, se concentra en un eve= nto particular: el juicio del 11-M, llevado a cabo en 2007 para juzgar a los acusados del atentado terrorista en Madrid en 2004. Esta autora estudia la expresi=C3=B3n oral y los rasgos coloquiales en el habla de los profesionales (letrados, los fiscales defensores y el presidente del Tribunal). Este juicio, afirma Bernal, fue un acontecimiento p=C3=BAblico mediatizado, que se retrasmiti=C3=B3 en distintos medios comunicativos.

Los datos de Bernal provienen de extractos =C2=ABde la emisi=C3=B3n de Datadiar de las diferentes fases de l= a vista oral: fase de interrogatorios, testifical, pericial y conclusiones excepto de las =C3=BAltimas palabras del acusado=C2=BB (p. 166= ). Para entrar en el an=C3=A1lisis, esta autora detalla las caracter=C3=ADstic= as de la lengua formal, coloquial y del lenguaje jur=C3=ADdico para luego hacer un examen escrupuloso. La autora incide en c=C3=B3mo los  juicios se enmarcan en un contexto institucional-formal, donde se suele asumir que la lengua ser=C3=A1 formal, cort=C3=A9s y con una organizaci=C3=B3n planificada y poco flexible. No obstante, Bernal muestra que en el discurso de las partes profesionalizadas emergen muchos rasgos coloquiales. Estas son, por ejemplo, el uso de t=C3=A1cticas f=C3=B3nicas informales, el l=C3=A9xico y formas gramaticales coloquiales entre otras. La autora explica este comportamiento por el hecho de que los profesionales jur=C3=ADdicos intentan convencer al p=C3=BAblico acerc=C3=A1ndose a este con un lenguaje m=C3=A1s f=C3=A1cil de comprender y tambi=C3=A9n apelando a  su sensibilidad; es decir, por razones ret=C3=B3ricas y argumentativas se coloquializa la lengua.

Los cap=C3=ADtulos que siguen estudian ot= ro tipo de interacciones comunicativas en ciertos grupos particulares. Por ejemplo, en el cap=C3=ADtulo 8, =C2=AB=C2=BFNo podr=C3=ADa hacer otra c= osa para que me den el pr=C3=A9stamo? Un estudio sociopragm=C3=A1tico de interaccion= es de servicio entre participantes de Lima=C2=BB, Carmen Garc=C3=ADa examina l= a negociaci=C3=B3n ling=C3=BC=C3=ADstica de las relaciones interpersonales en= un encuentro de servicio donde se solicita un pr=C3=A9stamo bancario. Para ello se sirve del modelo de Spencer-Oatey (2005), pero  centrado =C2=ABen el =C3=A1mbito ilocucionario discursivo=C2=BB (p. 197). Los datos = se recolectaron a trav=C3=A9s de dramatizaciones libres, en un grupo de 20 peruanos (50% mujeres y 50% hombres) de 23 a 30 a=C3=B1os y de lengua nativa espa=C3=B1ola. A los participantes se les pidi=C3=B3 que solicitaran= un pr=C3=A9stamo bancario y al supuesto bancario que negara el pr=C3=A9stamo= =2E De esta forma se puede examinar las negociaciones ling=C3=BC=C3=ADsticas de lo= s participantes en esta tarea.

Garc=C3=ADa detalla el modelo de Spencer-Oatey para luego comentar sucintamente estudios suyos anteriores que describen los comportamientos pragmaling=C3=BC=C3=ADsticos d= e peruanos en otro tipo de cometido y situaci=C3=B3n. La autora encuentra que a pesar de que la tarea era transaccional, los participantes buscan =C2=ABuna relaci=C3=B3n personal con el interlocutor=C2=BB (p. 208)= =2E Es m=C3=A1s, Garc=C3=ADa nos indica c=C3=B3mo en el pedido del pr=C3=A9stamo l= os interactuantes utilizan estrategias donde predomina el respeto al principio de asociaci=C3=B3n. De esta manera se revela que esta cultura no solo fomenta la interdependencia entre sus miembros, sino que adem=C3=A1s da preferencia al bien de la comunidad y a expresar la preocupaci=C3=B3n por los otros miembros de esa comunidad. Es curioso que no haya diferencias significativas en la conducta ling=C3=BC=C3=ADstica de hombres = y mujeres.

Garc=C3=ADa destaca que los resultados de esta investigaci=C3=B3n coinciden con =C2=ABsus trabajos anteriores=C2=BB, = donde =C2=ABhubo una perfecta sincron=C3=ADa entre los objetivos de comportamient= o, el respeto de la imagen de identidad del hablante y del interlocutor y los deseos interaccionales=C2=BB (p. 212). Esta coincidencia indica que a pesar de que sus datos no son naturales parecen captar bastante bien el comportamiento sociocultural de los peruanos.  Por otro lado, Lars Fant, Fanny Forsberg y Carlos Olave Roco conducen un an=C3=A1lisis intercultural, pero esta vez se explora la forma como los sujetos adultos con espa=C3=B1ol como L2, pero altamente proficientes, se comportan en la negociaci=C3=B3n ling=C3=BC=C3=ADstica de la tarea de pedir= un permiso a su jefe. El objetivo de estos autores es observar de qu=C3=A9 manera se adaptan estos adultos a las normas sociopragm=C3=A1ticas de la cultura meta que, en este caso, es la de Chile. Los datos para este estudio se componen de dramatizaciones abiertas donde los participantes act=C3=BAan como empleados que piden unos d=C3=ADas de permis= o a su jefe por razones personales. La situaci=C3=B3n ficticia conlleva un conflicto grande de intereses, pues el d=C3=ADa que el empleado necesita la licencia se supone que se llevar=C3=A1 a cabo una importante reuni=C3=B3= n en la empresa; a su vez, el empleado supuestamente necesita el d=C3=ADa libre porque su hermana se casa en un lugar alejado del lugar de la reuni=C3=B3n. Los participantes son 15 empleados: 8 nativos (que act=C3=BAa= n como un grupo control) y 8 suecos. El an=C3=A1lisis comparativo es detallado y esclarecedor. Los resultados apuntan a que los no nativos no logran adaptarse totalmente a las normas de la cultura chilena. =C3=89stos, a diferencia de los nativos chilenos, suelen ser m=C3=A1s formales, presentan un mayor grado de distanciamiento y utilizan menos apelaciones afectivas hacia el jefe. Igualmente se observa que los no nativos muestran mayor inseguridad en el tipo de estrategias que deben utilizar para negociar su pedido. Esto hace que las intervenciones de los suecos sean m=C3=A1s largas. Los autores concluyen con una pregunta clave que se debe seguir investigando: =C2=ABhasta qu=C3=A9 punto es posibl= e una aculturaci=C3=B3n completa de un individuo que ha entrado en una comunidad meta a una edad adulta=C2=BB (p. 247).

En el cap=C3=ADtulo 10, =C2=ABLa pragm=C3= =A1tica contrastiva basada en el an=C3=A1lisis de corpus: perspectivas desde el lenguaje juvenil=C2=BB, de Anna-Brita Stenstrom y Anette Myre Jorgensen, se examina el uso y funci=C3=B3n de algunos marcadores pragm=C3=A1ticos por parte de los adolescentes de dos comunidades de habla distintas: Londres y Madrid. Las autoras enfatizan la importancia de estudiar la lengua juvenil, que en muchos casos es innovadora, apoy=C3=A1ndose en investigaciones anteriores1. Los datos provienen de dos bases de datos electr=C3=B3nica= s COLAm (Corpus de Lengua Espa=C3=B1ola de Madrid) y COLT (Corpus del Ingl=C3=A9s de Londres). Indican que estos corpus ling=C3=BC=C3=ADsticos se centran en la lengua de las capitales =C2=ABpues por regla general se dan primero los rasgos innovadores antes de extenderse por toda la naci=C3=B3n=C2=BB (p. 257). En particular, se explora c=C3=B3mo estos marca= dores funcionan como formas f=C3=A1ticas o para enfatizar un contenido, como formas metadiscursivas, elementos para retener los turnos, o para apelar al interlocutor. El contraste entre las dos comunidades juveniles apunta a similitudes, pero tambi=C3=A9n a diferencias. Por ejemplo, en ambos grupos se utilizan =C2=ABlas llamadas de atenci=C3=B3n, l= os reclamos de retroalimentaci=C3=B3n, las interjecciones, los vocativos, y los insultos amigables (=E2=80=A6), los atenuantes, as=C3=AD como los reformuladores, las elipsis, las puntuaciones y los cierres=C2=BB (p. 272). No obstante, dicen las autoras, los vocativos se emplean m=C3=A1s en Londres, algunas formas manifiestas en los j=C3=B3venes londinenses no tienen una contraparte en el espa=C3=B1ol de Madrid tales como shit y crap (p. 270)= =2E Cabe se=C3=B1alar que no hay referencia a trabajos de esas dos comunidades de habla en adultos.

El libro que comentamos se cierra con el cap=C3=ADtulo de Ana Mar=C3=ADa Harvey y Marcela Oyanedel, titulado =C2=ABR= oles en conversaciones poli=C3=A1dicas=C2=BB. En =C3=A9l se examina la co-construcc= i=C3=B3n de ciertos roles que act=C3=BAan como facilitadores para llevar a cabo las tareas que emergen en discusiones acad=C3=A9micas en grupo, principalmente, los de gestor y cuestionador. Los datos para este cap=C3=ADtulo son s=C3=B3lidos y triangulados, es decir, enfocan el estudio desde distintas perspectivas. El corpus cualitativo consiste de 12 videograbaciones de reuniones de estudio entre grupos poli=C3=A1dicos de universitarios chilenos de distintos campos (i.e., psicolog=C3=ADa, sociolog=C3=ADa, letras y educaci=C3=B3n). Estos se complementaron con un cuestionario y cuatro videograbaciones de grupos focales =C2=ABcon los participantes de los distintos eventos=C2=BB para obtener sus representaciones de los roles asociados a estos grupos de estudio (p. 293). Se destacan los roles funcionales emergentes de gestor y de cuestionador que por su car=C3=A1cter discusivo son transicionales e intercambiables. En otras palabras, estos roles pueden asumirse por distintas personas en distintos grupos o momentos (p. 288). Estos, adem=C3=A1s, son reconocidos por los estudiantes, aunque ellos no los etiqueten con esos nombres. Los estudiantes que participaron en estas discusiones  indican la necesidad de tener personas oficiando este tipo de roles para poder cumplir con los cometidos que estos se proponen en los grupos de estudio y as=C3=AD llegar a acuerdos colectivos= =2E Igualmente, se encuentran ciertos recursos ling=C3=BC=C3=ADsticos en el hab= la de aquellos que desempe=C3=B1an estos roles. En el caso del gestor, se observa, entre otros, la utilizaci=C3=B3n de preguntas con preposiciones disyuntivas, de preguntas con formas declarativas, o formas imperativas que dan instrucciones, mientras que en los cuestionadores se observa el uso de los marcadores discursivos como pero y es que, y de =C2=ABsimetr=C3=ADas sint=C3=A1cticas y repeticiones= =C2=BB (p. 291).  

Como comentario final, nos parece pertinente indicar que este libro contiene un  amplio espectro de art=C3=ADculos que versan sobre la oralidad, con ejemplos en espa=C3=B1ol y otros con adaptaciones en espa=C3=B1ol. Algunos de los cap=C3=ADtulos proporcionan teor=C3=ADas adaptadas al an=C3=A1lisis dial=C3=B3gico, mientr= as otras muestran avances emp=C3=ADricos en esta =C3=A1rea, por lo que recomendamos su lectura.


Notas

1 Como los de Briz (2003) y Eckert (1997) entre otros. =20

Versi=C3=B3n en PDF:
http://www.infoling.org/reviews/pdfs/NB397.pdf

Informaci=C3=B3n en la web de Infoling:
http://www.infoling.org/resenas/Review135.html