No soy un conocedor de las prácticas evaluativas en Francia por lo que no me atrevo a realizar afirmaciones rotundas. Pero me atengo a lo que dicta HCERES (Haut Conseil de l'évaluation de la recherche et de l'enseignement supérieur) el organismo encargado de evaluar las universidades y la investigación en Francia (una entidad similar a la ANECA en España).

Para el “sous-domaine : shs 6 mondes anciens et contemporains. discipline: histoire, histoire de l’art, archelogie” a la hora de evaluar las revistas y los artículos que en ellas se publican dice:

 “Parmi les indices de qualité associés, on retiendra notamment :

• le support de publication évalué selon des indicateurs bibliométriques (Scopus, Web of science, Scimago, etc.) pour évaluer le rayonnement international

• le nombre de citations : on peut ici avoir recours à Google Scholar ou à d’autres bases bibliographiques fournissant ces indicateurs…” p.8

Sé que otros comités han elaborado listados de revistas (economía y gestión)… Los he ojeado… pero seguro que las clasificaciones estrella (a) coincidirán con las revistas que ocupan puestos cabeceros en wos y/o scopus… más una mejor representación de las revistas locales.

 

Bueno esto es lo que dice el organismo de referencia en la evaluación para estas disciplinas…

Ciertamente es plausible pensar que las Humanidades y algunas de las especialidades de las Ciencias Sociales en Francia, sean las zonas menos bibliométricamente contaminadas. Pero me temo que la ola también llegó a Francia y anegó muchos de los territorios... 

un saludo,

---
Emilio Delgado López-Cózar
Facultad de Comunicación y Documentación
Universidad de Granada
http://scholar.google.com/citations?hl=es&user=kyTHOh0AAAAJ
https://www.researchgate.net/profile/Emilio_Delgado_Lopez-Cozar
http://googlescholardigest.blogspot.com.es

Dubitando ad veritatem pervenimus (Cicerón, De officiis. A. 451...)
Contra facta non argumenta
A fructibus eorum cognoscitis eos (San Mateo 7, 16)

El 2018-10-18 16:22, Contente, Claudia escribió:

Hola a todos,
Respecto a 1), en Francia muchos colegas ni siquiera saben que WoS y Scopus existen. Al menos en humanidades, no es un parámetro que se tenga en cuenta a la hora de evaluar ni considerar nada,
Saludos,
CC

Claudia Contente
/Researcher/
Dept d'Humanitats
Ramón Trias Fargas 25-27, despatch 20.235 
08005 - Barcelona
[Tel.] +34 93 542 2703[Fax.] +34 93 542 1620
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Missatge de DIAZ NOCI, JAVIER <[log in para visualizar]> del dia dj., 18 d’oct. 2018 a les 13:48:
Interesantísimo. Espero con impaciencia las dos entregas restantes y el ensayo.
Sólo dos preguntas, en mi supina ignorancia:
1) ¿Hay países que, además de UK, se estén saltando la "tiranía" WoS + Scopus? ¿Brasil, por ejemplo, cuya "ANECA", la CAPES, publica un ránking propio de revistas (Periódicos CAPES, creo que se llama), como aquí hacen, a otro nivel, algunas agencias como la AQU catalana?
2) Coincidimos en el diagnóstico. ¿Cuál es la solución? ¿Que, como hace unos años, no tantos, en España la publicación se concentre en revistas gobernadas por las universidades, que podrían llevarlas a un nivel de calidad e impacto mucho mayor si destinan a su gestión y promoción una parte del presupuesto que regalan a las grandes editoriales científicas?
Ya digo, perdonad mi ignorancia supina.
Saludos,

Javier Díaz Noci
/Full Professor/

Faculty of Communication
Department of Communication

Roc Boronat 138 | 08018 Barcelona
[Tel.] +34 93 542 1220
[log in para visualizar]
https://portal.upf.edu/web/diaz-noci

Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

  

On Thu, Oct 18, 2018 at 1:26 PM Emilio Delgado López-Cózar <[log in para visualizar]> wrote:

Me pilla este interesante debate, lleno de incisivos y sabrosos pensamientos, alumbrando un ensayo que llevo rumiando desde hace años y que tiene por título “Hacia un nuevo ecosistema de la comunicación científica” donde creo se compendian todos los aspectos que se han suscitado: financiación de la investigación, producción de conocimiento, publicación, almacenamiento, difusión, evaluación. Cada uno de ellos, como ocurre en todo ecosistema que se precie, envuelve a un variado tipo de actores y de funciones enraizadas en un medio biodiverso que son interdependientes y que generan complejas interacciones. Por tanto, nada sobra y menos aún la evaluación, que considero uno de los elementos claves para entender todo el entramado que conforma hoy día la comunicación científica. Puesto que los debates surgen no cuando uno quiere sino cuando Tomás lo disponeSonrisa, he entresacado algunas de las notas ya redactadas, las he ordenado y, a modo de avance, esbozo lo que considero es el hilo que ha llevado a la situación actual. Como el mensaje sería muy largo… lo dividiré en tres entregas:

 1. El gran negocio: el impacto de las revistas como patrón oro de la evaluación científica y la “ruta dorada” de las empresas editoriales y de distribución de la información científica

2. La gran paradoja: ¿quién costea este ecosistema de comunicación científica? Una adivinanza muy sencilla.

3. La ruta verde: ¿qué podemos hacer para cambiar las cosas?

 

1. El gran negocio: el impacto de las revistas como patrón oro de la evaluación científica y la “ruta dorada” de las empresas editoriales y de distribución de la información científica

La comunicación científica de resultados de investigación se ha convertido en un fabuloso negocio para unos pocos, un negocio a secas para unos cuantos, y un pésimo quebranto para las finanzas públicas, esto es, para la mayoría de los ciudadanos que las sufragan con sus impuestos.

La implantación de la evaluación del rendimiento de los investigadores en todo el mundo, iniciada en los años 80 del siglo pasado, y extendida a todo el planeta progresivamente es la espoleta que ha desencadenado todo el andamiaje que soporta la comunicación científica actual. Lo digo desde ya: si se quiere cambiar el sistema de publicación hay que tocar esta clave de bóveda. Como no se ha hecho hasta ahora es por eso por lo que los cambios hacia un mundo abierto en la producción, circulación y evaluación del conocimiento son abortados, están constreñidos o abocados a desarrollarse lentamente en medio de múltiples obstáculos.

El sistema de evaluación, que pivota en el recuento del número de artículos publicados en revistas “de impacto”, aquellas indexadas en determinados bases de datos (Web of Science y Scopus preferentemente), y en el recuento de las citas recibidas en dichos repertorios induce a los científicos a publicar sea como sea en estas publicaciones y a consultar esas fuentes. Su acceso, promoción y éxito en la carrera científica dependen de ello.

Hace 16 años advertimos (Nature) que esta política, adoptada en España en 1989, estaba cambiando las prácticas de comunicación de los científicos españoles. Aunque con consecuencias positivas en la estimulación de la investigación en nuestro país, pocos años después recalcamos los efectos “colaterales” y perversos del sistema (BMJ). La marea llegó al Reino Unido en 2015 (The metric tide) donde constataron lo que otros ya habíamos experimentado antes; lástima, por una vez, España se adelantó. Nuestro país para bien o para mal es un laboratorio perfecto, pues pocos lugares en el mundo pueden “presumir” de haber adoptado y mantenido una misma política científica de evaluación tan sostenida en el tiempo (30 años).

Las editoriales que publican las más reputadas revistas (Elsevier, Springer Nature, Wiley, Taylor & Francis, Sage, Kluwer, OUP) y las empresas que monopolizan la búsqueda, acceso y evaluación de la información científica (Clarivate Analytics, Elsevier) amparadas en esta necesidad, con un mercado global cautivo, tienen asegurado la obtención de desorbitados beneficios (miren si no la cuenta de resultados de Elsevier o Springer). Su privilegiada posición de dominio les permite imponer sus condiciones sin oposición: no paran de incrementar los precios de sus productos (suscripciones a revistas, bases de datos, procesamiento de los artículos).  Los científicos, “esclavos” de este sistema, ceden con “gusto” la explotación comercial de su trabajo (la vida, la académica y casi la otra les va en ello…), sin que las instituciones que les financian pongan cortapisas (excepción hecha de contadas instituciones radicadas en USA, UK y otros países desarrollados) o hagan cumplir sus propias normativas (Ley de la Ciencia en España). Curiosamente, son los estados que sostienen con fondos públicos la investigación que se produce en todo el mundo los que con estos sistemas de evaluación aseguran la pervivencia del imperante modelo de comunicación científica.

Agotado el modelo tradicional de negocio, -la suscripción a revistas-, soportado como es natural por los fondos públicos que sostenían y sostienen los presupuestos de miles bibliotecas en todo el mundo, las avispadas editoriales encontraron el nuevo Eldorado, la “ruta dorada” de la publicación. La nueva ruta de oro, aplaudida en su momento por los apóstoles del acceso abierto, curiosamente la marcó una iniciativa que pretendía hacer libre y público el conocimiento: PLOS (Public Library of Science, qué sarcasmo a estas alturas llevar ese nombre) enseñó a las editoriales que era sumamente rentable pasar del pagar por leer al pagar por publicar (me gusta más decir “para publicar, pagar”). La bicoca es todavía mayor, pues pueden simultanear el pagar por leer y el pagar por publicar. Un negocio redondo.

Puesto que dichas editoriales monopolizan los puestos cabeceros de los índices de impacto siempre tendrán científicos llamando a la puerta dispuestos a pagar los APC que se les exigen. Quiero recordar que solo 10 editoriales publican el 45% de las revistas indexadas en Scopus, concentrando el 75,5% de las revistas como mayor índice de impacto (Top10%). En  el caso de Elsevier el 90% de sus revistas figuran en los cuartiles 1 y 2. Esta, es pues, la mejor representación del oligopolio editorial que domina la comunicación científica.

Ante un escenario tan lucrativo, Las editoriales de las revistas más reputadas, al calor de su prestigio y frotándose las manos ante los pingües beneficios, decidieron clonarse y apostaron por reproducirse como hongos (Nature “xxx”, NPGJ “xxx”, Lancet, JAMA, BMJ…), con lucrativos y costosos APC, claro. O se crearon megajournals (Scientific Reports, Nature Communications, Sage Open, IEEE Acces, Open biology…), dispuestos a publicar todo lo publicable; ya no es necesario valorar la novedad y originalidad de los trabajos sino solo su rigor técnico y metodológico; un sinsentido científico que va en contra del propio ethos científico y de la especialización y parcelación continua de los saberes científicos. ¿Qué sentido tiene implantar revistas generalistas frente a revistas especializadas? ¿Así se logra un mejor peer review que se supone es la piedra angular del sistema de publicación científica? En fin, todo orientado a maximizar los ingresos y mejorar el negocio; la empresa científica en manos de mercaderes.

No es de extrañar que cuando surgen competidores que menoscaban el negocio, como es el caso de ResearchGate, salten las alarmas. Aunque no soy partidario de infringir las políticas de copyright, cual hace RG, el problema de su meteórica implantación es que representa un ataque directo a la línea de flotación del negocio editorial. Eso sí de unos cuantos (Elsevier y ACS, que, por cierto, también recelaron inicialmente de Google Scholar) porque otros como Springer Nature no ven peligro con RG. Detrás de todo este affaire hay muchos intereses, competencia empresarial…

continuará...

---
Emilio Delgado López-Cózar
Facultad de Comunicación y Documentación
Universidad de Granada
http://scholar.google.com/citations?hl=es&user=kyTHOh0AAAAJ
https://www.researchgate.net/profile/Emilio_Delgado_Lopez-Cozar
http://googlescholardigest.blogspot.com.es

Dubitando ad veritatem pervenimus (Cicerón, De officiis. A. 451...)
Contra facta non argumenta
A fructibus eorum cognoscitis eos (San Mateo 7, 16)

El 2018-10-16 16:11, Marc Bria escribió:

Isidro ahí le has dao. :-DDDDDDD

No te pondré en el aprieto de darnos la identidad secreta de los Prof. 
Gómez que conoces.

Llevo años diciendo que el problema no es WoS, ni Scopus (y el maldito 
Mr. Smith)... el problema somos todxs nosotrxs, aquellos que 
participamos en mayor o menor medida del ecosistema y que pudiendo 
organizarnos para transformarlo, seguimos quejándonos y aceptando como 
verdad inquebrantable que no hay alternativa posible. Es lo más cómodo.

La sentencia que comentan Ángel y Javier (BTW, que se pasó por lista a 
principios de la semana pasada y sonaron los grillos) me parece muy 
importante, pero seguimos buscando soluciones fuera cuando tenemos la 
capacidad de transformar nuestro entorno. Pq... es lo más cómodo.

Somos como el elefante de circo al que pueden atar con una estaca o 
incluso con un palillo pq ha aprendido a no moverse de su sitio.

Aunque me parecen temas esenciales hace rato que tengo dudas de si esta 
es la lista adecuada para hablar de esto...
Es que no me gustaría que el/la moderadora nos empiece a llamar la atención.

¿Alguien sabe si hay alguna lista en rediris (o dónde sea) sobre 
conocimiento abierto, publicaciones en abierto, índices open, etc?

Un saludo,
m.

El 16/10/18 a las 16:17, Isidro F. Aguillo escribió:
En este debate se ha hablado bastante de Mr. Smith, responsable de edición de revistas en una explotadora gran editorial (una de las 5 del oligopodio mundial). Permitidme que incorpore a nuestro panteón de responsables al Prof. Gómez, insigne y prestigioso investigador senior en un país no muy lejano. 1. Prof. Gómez dirige/asesora una "Fundación" que contrata licencias multimillonarias de WoS y Scopus a pesar del consenso internacional en contra y de sus conocidas carencias 2. Prof. Gómez es miembro de los comités asesores de las ANECAS, ANEPS y similares y su criterio es ley para establecer indicadores y sus umbrales (cuartiles). 3. Prof. Gómez dirige una importante consultora bibliométrica que ha trabajado siempre con cierta fuente bibliométrica que no abandonaran por cuestiones prácticas a pesar de que reconocen sus limitaciones y carencias 4. Prof. Gómez elige para publicar las revistas que le da la gana, cediendo los derechos a las editoriales sin importarle las consecuencias de esa cesión. 5. Prof. Gómez no tiene problema en pagar elevados APCs, siempre que alguien se lo financie, preferentemente con fondos públicos. 6. Prof. Gómez no deposita en su repositorio institucional, como mucho en Researchgate porque mola más. 7. Prof. Gómez dirige un centro de investigación que publica informes anuales con indicadores derivados del infame factor de impacto y por tanto su institución no firma la Declaración DORA 8. Prof. Gómez es Rector de una Universidad que recomienda no usar servicios gratuitos como Google Scholar no vaya a ser que se descubram las verdaderas aportaciones de algunos catedráticos. Permitidme terminar acordandome de la madre de Mr. Smith que es el único responsable de todo esto: ¡Abajo con los editores abusones! Vuestro turno,
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