Hay pocas profesiones que tengan un concepto más elevado que los bibliotecarios, los archiveros y los museólogos, e incluso los documentalistas: últimamente propagan la especie de que nuestra profesión es sumamente tecnológica. La verdad es que yo no pienso lo mismo, sobre todo dada mi trayectoria profesional, pero es casi seguro que estoy equivocado. Si todos los bibliotecarios, etc., y sobre todo las facultades de lo mismo, dicen que nuestra profesión es sumamente tecnológica, es decir, que la tecnología juega un papel muy importante, será porque es verdad.

 

Ya digo, mi trayectoria profesional no me invita a pensar lo mismo. Quizá me he fijado poco, o es posible que no haya estado en los lugares adecuados. A mí siempre me ha parecido que los bibliotecarios, archiveros, museólogos, e incluso documentalistas, lo que hacen, en general, es manejar aplicaciones que tampoco son para mandar un cohete al sol, aunque se vaya de noche, pero, como digo, sobre todo los profesores de biblioteconomía, o por mejor decir de Documentación, Informetría, Cibermetría, por mal nombre cuentistas, no tienen la misma opinión. En general lo que yo he visto por estos lares es que como mucho se manejan ficheros excel, pero bien es verdad que Tim Berners-Lee dice que quien maneja las hojas de cálculo tiene mucho ganado para utilizar la tecnología Linked Open Data. Él sabrá.

 

Esta introducción viene a cuento porque, como seguramente ya sabrán los lectores de esta lista, el Gobierno de España acaba de publicar la Agenda España Digital 2025. Y como seguramente ya habrán adivinado esos presuntos lectores, en esa Agenda no hay la más mínima mención a bibliotecas, archivos, museos, ni a centros de documentación, y hay pésimas noticias para los laboratorios de cibermetría. Por eso, he titulado este correo con la muy castiza expresión del furgón de cola.

 

Si cuando se planifican cinco años de Agenda España Digital 2025 con un presupuesto de 140,000 millones de euros (no queda nada claro) y las bibliotecas, archivos y museos, e incluso los centros de documentación, se han quedado a verlas venir, son pésimas noticias. 

 

Es posible, solamente posible, que alguna cosa estamos haciendo mal, dado que, como se dice, los bibliotecarios, los archiveros, los museólogos, e incluso los documentalistas y cibermetras, vulgo cuentistas, no van a recibir ni la pedrea. Esta Agenda Digital supone una verdadera ducha fría, para recurrir a otra castiza expresión. 

 

Bien es verdad que la Agenda está publicado con un PDF y no en XML (que tiene ya 22 añitos).

 

Xavier Agenjo




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