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e="text-align:justify"> el paradigma de aquellos, como el ya mencionado John McWhorter, para los que el contacto lingüístico entre adultos conduce a una simplificación estructural, que da origen a nuevas variedades y –en los casos más extremos– a criollos, los cuales, en tanto que lenguas jóvenes, son (o, mejor dicho, empiezan siendo) más simples que las no criollas; no se niega –ningún paradigma lo hace– que las lenguas criollas sean lenguas nativas (L1), pero, según este enfoque, gran parte de los rasgos característicos de los criollos tendrían lugar ya en las L2 o learner varieties de los adultos, que se transmiten luego a las generaciones siguientes. En este punto, el centro de la discusión giraría en torno al papel sociológico que jugaron los niños –determinante, para Bickerton, pero no así para muchos otros autores– y sus variedades “creativas” dentro de las nacientes comunidades criollófonas.

Dado que, recientemente, los tres autores citados (Mufwene, Bakker, McWhorter) han hecho presentaciones en el marco del ciclo de conferencias ABRALIN ao vivo, organizadas por la Associação Brasileira de Linguística y todas ellas de acceso libre en YouTube, el lector no familiarizado con estos paradigmas tiene la posibilidad de introducirse fácilmente en su estudio. En una segunda fase, el lector podría acudir a Mufwene (2001), Bakker, Borchsenius, Levisen y Sippola (2017) y McWhorter (2011).

Tanto el estudioso de un determinado criollo como el comparatista disponen hoy de descripciones detalladas sobre otros criollos y tienen a su alcance algunos corpus ya publicados, así como una base de datos de gran utilidad, el APICS, que, aunque incluye algunas mixed languages y algunos pidgins, describe mayoritariamente lenguas criollas. Los avances actuales, gracias a esta herramienta, han sido notables (cf. Michaelis 2017). Por otra parte, la investigación actual ha demostrado que algunas premisas de Bickerton no se cumplen en todos los casos: por un lado, en algunos criollos es imposible asumir un estadio anterior de pidgin; por otro lado, no todos los criollos presentan un sustrato heterogéneo, incluso, se han definido algunos two languages Creoles, con un solo sustrato y un solo superestrato, como el Pitcairn English –o Norf’k, en el APICS– y, tal vez, el palenquero. Además, gracias a los avances en la investigación histórica e incluso a las cada vez más frecuentes colaboraciones entre lingüistas y genetistas, se han conseguido identificar inequívocamente los sustratos más importantes de algunos criollos: así, por ejemplo, no siempre estuvo claro –como sí lo está hoy– que el sustrato palenquero es predominantemente kikongo, ni que el sustrato último de los criollos portugueses del Golfo de Guinea es edo, al que se añadió después un adstrato kikongo. Así las cosas, el denominado, despectivamente, “Cafeteria Principle”, que antaño guiaba una parte de la investigación sustratística, parece estar cada vez menos operativo y, en consecuencia, los substratomaniacs de los que hablaba Bickerton (pp. 29, 45-46, 117, etc.) son cada vez menos maníacos y, simplemente, más sustratistas.

A modo de ejemplo –y recuperando una dicotomía semántica ya mencionada–, la distinción procesivo-estativo en palenquero es, como en la gran mayoría de criollos, fundamental para determinar el sistema de marcadores preverbales de TMA, pero la marcación funciona en este criollo de manera opuesta a la tendencia explicada arriba (al final de §3): la presencia del marcador aspectual cumplido4 correspondiente a desencadena la lectura de presente en los verbos estativos (bo a tené ‘tienes’) y la lectura de pasado en los verbos procesivos (bo a kumé ‘comiste’), mientras que su ausencia da lugar a las lecturas contrarias. Esta distribución corresponde casi perfectamente al funcionamiento de los prefijos de aspecto completivo de las lenguas bantúes, que se comportan de manera muy diferente, en este sentido, a otras lenguas Níger-Congo; además, no puede atribuirse a la casualidad el hecho de que las únicas tres lenguas en las que, según el APICS, la marcación funciona de esta precisa manera,  a saber, lingala, ma’a mbugu y palenquero, presenten todas un sustrato exclusivamente bantú (cf. Gutiérrez Maté 2019 y las referencias ahí citadas). En un caso como éste, el influjo sustratístico es evidente; ello no impide, sin embargo, que la dicotomía procesivo-estativo, supuestamente programada genéticamente, se mantenga, aunque se manifieste de una manera diferente a la de la mayoría de criollos.

Es difícil prever cuáles son los desarrollos de la criollística actual que terminarán ofreciendo los mejores resultados. En mi opinión, la identificación y estudio sistemático de las estructuras presentes en determinados criollos, que están, sin embargo, ausentes de sus respectivas lenguas contribuyentes (cf. Michaelis 2017), es la mejor vía para acercarse a los universales lingüísticos actuantes en la criollización, sin olvidar por ello que, en todo caso, los criollos combinarán necesariamente estas estructuras con otras procedentes del sustrato y del superestrato. Por otra parte, la comparación de resultados estructuralmente diferentes, que se originan, sin embargo, por el contacto de unas mismas lenguas contribuyentes en ecologías diferentes es la vía empírica que con más claridad puede distinguir los criollos de otras variedades resultantes del contacto y, así, trazar los límites –cuantitativos y, quizá, cualitativos– del proceso de criollización. En el caso de la ibero-criollística, por ejemplo, destaca el especial interés de comparar el criollo palenquero con las L2 “fosilizadas” del portugués de Cabinda, ya que ambas resultan de combinar un sustrato kikongo con un superestrato iberorrománico (cf. Gutiérrez Maté 2020).

Dentro del panorama internacional de estudios criollos, los dos criollos indudablemente hispánicos, chabacano y palenquero, tendrán, seguramente, un papel destacado. En su día, Granda (1998: 67-68) se quejaba, con razón, de que los estudiosos de criollos y otras variedades reestructuradas extraeuropeas de base inglesa o francesa –estudiosos que desarrollaban también los modelos teóricos más extendidos sobre la formación de criollos– no tenían nunca en cuenta los estudios afro-hispano-americanos; en mi opinión, el problema residía, en realidad, en el hecho de que estos autores no estaban acostumbrados a la consulta regular de bibliografía en español; incluso, no es difícil descubrir este aspecto aún en Mufwene 2001 o en McWhorter 2000, a quien, si algo le llega del pensamiento de Granda, es indirectamente a través de los escritos en inglés de Armin Schwegler. Es justo decir, sin embargo, que la situación ha cambiado parcialmente en la actualidad, no tanto porque el español haya ganado cierta presencia internacional en la bibliografía sobre contactos lingüísticos, sino porque muchos estudiosos de criollos hispánicos escriben a menudo en inglés; poco a poco, en el paradigma científico internacional, se va prestando mayor atención a los criollos hispánicos. Esta tendencia puede apreciarse, por ejemplo, en la publicación de Schwegler, McWhorter y Ströbel (2016), así como en diversos estudios recogidos en Bakker et al. (2017). Será interesante atender al papel exacto de los dos criollos hispánicos en la discusión sobre los aspectos fundamentales de la criollización: por de pronto, no pasa desapercibido que, en sus respectivas conferencias en ABRALIN ao vivo, Mufwene vuelva a dudar del estatus criollo del chabacano5, mientras que McWhorter hable de un Palenquero Challenge –consistiendo tal “desafío” en la explicación de estructuras del criollo que no están en kikongo ni en español–, precisamente, para refutar los postulados anti-excepcionalistas de Mufwene.

El hecho de que, en mayor o menor grado, todos los lingüistas tengan una cierta idea de qué son los pidgins y los criollos, no quiere decir, evidentemente, que vayan a ocuparse de su estudio. Incluso, cabría decir que la marginación social de muchos criollos discurre de manera paralela a su relativa marginación en el medio académico. El problema es complejo y no caben soluciones arbitristas. Sin embargo, creo que, en consonancia con las enseñanzas de Bickerton, no desestimar el estudio de los criollos en relación con los aspectos de mayor calado teórico atingentes a la adquisición del lenguaje es un buen camino para revindicar un papel menos periférico de la criollística en la lingüística contemporánea. Seguramente, otro camino debería seguirse en el caso de las filologías particulares, algo en lo que la galo-romanística ha llevado siempre cierta ventaja: eso es así, sobre todo, por la figura de Robert Chaudenson (1937-2020), muy influyente dentro y fuera de Francia (su huella en Mufwene es evidente, por ejemplo), cuya perspectiva de estudio de los criollos fue la de considerarlos variedades de la lengua lexificadora. Pero se trata de variedades un tanto peculiares, en tanto que consisten en approximations des approximations, como por ejemplo, cuando los esclavos africanos de las plantaciones francesas del Caribe aprendían francés, pero no del colono blanco, sino del capataz, quien, a su vez, hablaba un francés L2 (Chaudenson 2003). Indirectamente, la consideración de este continuo variacional entre el francés y los criollos de base francesa (cf. también Corne 1999) ha tenido la repercusión positiva de que estos últimos no suelen faltar en los planes de estudio de galo-romanística, ni en los congresos de historia del francés, a diferencia de lo que sucede en el caso de los criollos de base hispánica dentro de la hispanística. Sin embargo, resulta innegable que, por ejemplo, estudiar los orígenes del palenquero contribuye a la comprensión de lo que es –y de lo que no es, pero, en otras circunstancias, podría haber sido– el español del Caribe, del mismo modo que estudiar la génesis del chabacano ofrece indirectamente claves valiosas para entender la historia del español de México, lugar de procedencia de gran parte de los colonos hispánicos en las Filipinas. Dado que estos caminos –y otros por los que, en relación con los tres paradigmas científicos enunciados al principio de este apartado, transitan los criollistas– conducen a un mismo lugar, esto es, al desarrollo y a la mayor centralidad de la disciplina; no se entiende fácilmente el empeño constante de algunos criollistas en mostrar cómo unos caminos excluyen a los otros.

Referencias bibliográficas

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Bickerton, Derek; Escalante, Aquiles. 1970. Palenquero: A Spanish-based Crole of Northern Colombia. Lingua 24, pp. 254-267.

Bickerton, Derek. 1975. Dynamics of a Creole System. Cambidge: Cambridge University Press.

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Chaudenson, Robert. 2003. La créolisation : théorie, applications, implications. Paris: L’Harmattan.

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Granda, Germán de. 1998. Estudios sobre el español caribeño (1985-1995): resumen y evaluación de resultados. En M. Perl y A. Schwegler, eds. América negra: panorámica actual de los estudios lingüísticos sobre variedades hispanas, portuguesas y criollas. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert, pp. 62-69.

Gutiérrez Maté, Miguel. 2019. Aspectualidad completiva en el criollo palenquero. Conferencia presentada en la 19a. Conferência Anual da Associação de Crioulos de Base Lexical Portuguesa e Espanhola (Lisboa, 17-19 junio de 2019).

Gutiérrez Maté, Miguel. 2020. De Palenque a Cabinda: un paso necesario para los estudios afro-iberorrománicos y criollos. En G. Knauer, A. Ortiz Wallner y I. Phaf-Rheinberger, eds. Mundos caribeños – Caribbean Worlds – Mondes Caribéens. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert, pp. 105-138.

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Michaelis, Susanne Maria; Maurer, Philippe; Haspelmath, Martin; Huber, Magnus, eds. 2013. Atlas of Pidgin and Creole Language Structures Online:

https://apics-online.info/ (consultado el 21.9.2020)

Michaelis, Susanne Maria. 2017. Avoiding bias in comparative creole studies: Stratification by lexifier and substrate. Zenodo: http://doi.org/10.5281/zenodo.1255790  (consultado el 21.9.2020)

Moñino, Yves. 2017. Past, present and future of Palenquero Creole. En A. Schwegler, B. Kirschen y G. Maglia, eds. Orality, Identity and Resistance in Palenque (Colombia): An Interdisciplinary Approach. Amsterdam / Philadelphia: John Benjamins, pp. 15-56.

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Schwegler, Armin; McWhorter, John; Ströbel, Liane, eds. 2016. The Iberian Challenge: Creole languages beyond the plantation setting. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert.

Schwegler, Armin. 2000. The myth of decreolization: The anomalous case of Palenquero. En I. Neumann-Holzschuh y E. Schneider, eds. Degrees of Restructuring in Creole Languages. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins, pp. 409–436.


Notas

1 Roots of Language fue una de mis primeras lecturas de tema criollístico. Recuerdo que llegué a esta obra en el contexto de sendos seminarios con la Prof.a Teresa Solias, buena conocedora de la obra de Bickerton, y con el ya desaparecido Germán de Granda (1932-2008), en la Universidad de Valladolid. Dado que este último autor se refirió varias veces críticamente a la hipótesis del bioprograma en sus escritos, es justo decir que, desde un principio, fui consciente de algunas luces y sombras de esta hipótesis. Por lo que respecta a Hawái, ésta fue la primera comunidad criollófona que visité en mi vida. En ella me llamaron la atención las dinámicas sociales de la convivencia entre las tres lenguas de la región: el inglés (lengua oficial, hablada por toda la población, incluyendo muchos monolingües), el criollo haitiano (~700.000 hablantes, según el APICS) y el hawaiano, la lengua polinésica autóctona (“severely endangered”, según Glottolog. Pues bien, si uno atiende al “paisaje lingüístico” y a otras formas de presencia pública de las dos lenguas no oficiales, es la lengua indígena minoritaria y no el criollo mayoritario la que gana claramente la partida. Así, por ejemplo, en la isla de Oahu, solo encontré elementos visibles del criollo en dos pequeños letreros a la puerta de los sanitarios de un centro cultural en la zona de North Shore, donde se indicaba “braddahs” para el uso por hombres y “sistahs” para el uso por mujeres; aún así, estos letreros se encontraban debajo de otros de mucho mayor tamaño, donde se decía, respectivamente, “kane” y “wahine” (las palabras para ‘hombre’ y ‘mujer’ en la lengua polinésica). La disposición física y el tamaño de los letreros tiene un cierto valor simbólico sobre el estatus social de las lenguas implicadas, donde aparece, por cierto, una estereotipación del criollo, ya que, de hecho, “kane” y “wahine” entraron efectivamente en el criollo, mientras que “braddahs” y “sistahs” son más propias de variedades acrolectales –o de imitaciones del inglés hawaiano con sustrato criollo–. Siendo en sí muy positivo el fomento de las lenguas indígenas, podría parecer entonces que, en la construcción colectiva de identidades regionales o nacionales, resulta difícil encontrar espacio para más de una lengua y cultura autóctonas. No obstante, sospecho que el factor determinante en estos casos, como en otros muchos, es el estigma social de muchos criollos, aún en la actualidad, de ser “variantes corruptas” de la lengua dominante. Esta situación es común a muchas comunidades criollófonas: por citar otro caso especial con tres lenguas, en la ciudad de Manado, conviven el indonesio –bahasa Indonesia–, el tombulu (minahasa) –la lengua austronésica autóctona de la región, muy minoritaria en la ciudad–, y el criollo manadonés –bahasa Manado–, de tal manera que este último es la lengua oral predominante en todos los estratos sociales, pero está relegada de las funciones públicas por el indonesio y marginada en la enseñanza escolar de lengua regional o “Muatan Lokal” (contenido local) frente al tombulu.

2 Este trabajo es especialmente meritorio, en tanto que viene a ser, junto con el artículo de Granda (1968), quien se basó sobre todo en las notas recogidas por J. J. Montes para el ALEC, uno de los trabajos fundacionales de la lingüística palenquera.

3 Según fecha de conferencia; la publicación se demoró hasta 1971.

4 Utilizo el término como traducción del francés “aspect accompli” o del inglés “completed aspect”.

5 Agradezco a Mauro Fernández el haberme llamado la atención sobre este aspecto de la conferencia de Mufwene (61’), que me pasó inadvertido en el primer visionado.

Versión en PDF:
http://www.infoling.org/reviews/pdfs/NB1974.pdf

Información en la web de Infoling:
http://www.infoling.org/resenas/Review418.html