Queridos colegas

Nuestro compañero Lluís Anglada ha publicado hace un par de semanas una muy
interesante carta abierta con el título de "Reflexiones sobre posibles
razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su
reversión"

Como todos sabemos Lluís Anglada tiene una línea personal ejemplar desde
hace ya nada menos que cuarenta años, sobre todo en el campo de la
automatización de bibliotecas (es uno de los pioneros del formato MARC) y,
lo que es más difícil, su organización, que en términos técnicos se define
como biblioteconomía, palabra poco utilizada en estos tiempos y que creo es
una de las raíces del mal que él analiza.

Así mismo, está apostando por una de las líneas más importantes que tiene
que desarrollar nuestra profesión, la ciencia abierta.
Lluís, además de llevar a cabo una serie de tareas técnicas, desde el
formato MARC hasta la ciencia abierta, nos sacude la modorra periódicamente
con reflexiones estratégicas. Dado que son muy pocos los profesionales que
lo hagan y nadie con más visión y conocimiento que él es bueno fijarse
detenidamente en lo que dice. Muchas veces Lluís me recuerda a Lorcan
Dempsey.

Lo que dice Lluís se resume muy bien con la expresión 'minorización
profesional', pero lejos de limitarse a entonar una jeremiada establece una
serie de propuestas para su reversión. En resumidas cuentas estas son:
formarnos, politizarse y agruparnos. No se puede estar más de acuerdo con
estas palabras.

Ahora bien, voy a utilizar un símil o una analogía que no sé si se va a
entender bien, quizá no es una analogía válida o a lo mejor no está bien
formulada. Yo diría que una biblioteca, un archivo, un centro de
documentación o un museo, insisto en que es una metáfora, sirve para que
unos profesionales médicos y enfermeras curen a los pacientes. Los de
mantenimiento son los informáticos y nunca deben tener más que esa función,
mantener los sistemas, no tomar decisiones.

Y por otro lado tenemos a los equipos gerenciales que mucho me temo que son
tan incapaces en el entorno hospitalario como en nuestras
instituciones. Por supuesto, he dicho enfermeras no solamente porque como
dice Lluís los bibliotecarios, archiveros, museólogos constituyen una
profesión muy feminizada, pasando de la anécdota a la categoría como habría
dicho D'Ors, que no en vano estableció la primera escuela de bibliotecarias
e impulsó la Biblioteca de Cataluña.

Yo creo que uno de los mayores problemas que tenemos con la formación
actual es que las escuelas de bibliotecarias, los grados de documentalistas
y los másteres infonomistas (nótese la gradación) quieren enseñar a ser
médicos y no enfermeras. Yo conozco más de un caso que después de tres o
cuatro años de grado, o uno o dos años de máster, el presunto infonomista
no sabe en detalle el formato MARC.

Es decir, no sabe poner una inyección, cuando en cinco años hay que saberse
el formato MARC hasta el último dólar, así como BIBFRAME, METS, PREMIS,
ALTO, MIX, MODS, etc. de forma práctica. Ahora bien, tengo la impresión,
incluso la certeza, de que estas actividades prácticas no están bien
consideradas por el profesorado de las instituciones docentes.

Por lo tanto, no se puede dar el paso de utilizar las herramientas de
Linked Open Data para interactuar con la red. Yo creo que esta es la
asignatura pendiente, hacer que las bibliotecas, los archivos, los centros
de documentación y los museos interactúen con el mundo real a través de la
tecnología.

Poco a poco se está consiguiendo, pero no demasiado, que el registro de
autoridad se vincule con vocabularios de valores, incluída Wikidata u
otros, para desembocar en Google Knowledge Graph, por ejemplo. Y con ello
formar parte de todos los posibles recursos de información digital que se
crean y actualizan constantemente en la Web. Es decir, pasar de un,
digamos, registro MARC a un objeto digital estructurado conforme a una
ontología bien definida, como por ejemplo Europeana Data Model, o yendo un
poco más allá con la ISO 21127. Los bibliotecarios, los archiveros, los
museólogos, no tienen que estar esperando a que sean los usuarios, humanos
o no, los que consulten la información, sino al revés, interactuar con
ellos a través de la tecnología Linked Open Data.

Esta aspiración se ha llegado a concretar en las siglas LOD-LAM o LOD-GLAM
[Linked Open Data in Libraries, Archives, and Museums o Linked Open Data in
Galleries, Libraries, Archives and Museums].

Y esto nos lleva a otro punto, a la terminología. No tiene ningún sentido
pretender cambiar palabras que son de uso común como biblioteca,
bibliotecarios, archivos, archiveros, etc. Hace muy bien Lluís en sacar a
colación el caso de la Library Association que cambió su nombre a las
incomprensibles siglas CILIP [Chartered Institute of Library and
Information Professionals], lo cual confirma la imparable decadencia
inglesa. Cualquiera que sea aficionado a esa literatura, que lea su prensa
(malísima), o que vea series o películas, apreciará que de cuando en cuando
aparecen bibliotecarios como personajes y al igual que en España, quizá un
poquito menos, les llaman 'librarians'. Ningún personaje entendería lo de
CILIP, como ningún estudiantes de una universidad dice que va a un CRAI a
estudiar o consultar unos textos, lo que hace es acceder a la información
de forma digital, esté en la biblioteca, en el CRAI o en cualquier otro
medio de información.

En ese mundo de Internet, que en realidad tendría que llamarse la Web,
tienen que estar los objetos digitales creados por las bibliotecas en pie
de igualdad y si es posible en mejores condiciones que los generados por
cualquier productor de información. Desde luego, los registros
bibliográficos de las bibliotecas públicas o universitarias, y no hablemos
de los archivísticos o museológicos, se mantienen en unos estándares de
información parados en el tiempo hace 25 o 30 años. No solamente es cosa de
la falta de calidad de los softwares, sino también de la deficiente
formación de los profesionales, que aunque trabajen en un CRAI crean unos
registros bibliográficos con cinco o seis campos y ningún vínculo al
exterior. La ciencia será abierta o eso se quiere conseguir, pero los
registros no pueden ser más cerrados.

Cuando yo considero la calidad de las catalogaciones de las publicaciones
académicas, digamos nativas, con la información de los objetos digitales de
los grandes editores científicos me llevo las manos a la cabeza. Qué
registros tan pobres en el primer caso y qué riqueza de vínculos, de
enlaces entre aplicaciones en los últimos.

La calidad de nuestro trabajo tendría que ser nuestra primera
reivindicación, y cuando digo nuestra me refiero a las incontables
asociaciones que atomizan nuestra profesión, lo que proporciona una fuerza
muy débil. De cuando en cuando salta a nuestros medios de información (me
viene ahora a la memoria lo de Murcia) vemos claramente que no hay
ninguna asociación que denuncie una injusticia e intente hacer presión ante
las autoridades políticas y sobre todo en los medios de comunicación. No sé
si alguien se ha tomado la molestia de calcular cuál es el número de
bibliotecarios que están asociados a cualquier organización. Yo
recientemente dividí el número de bibliotecarios por el número de
asociaciones y tuve que ir a tomarme una copa de coñac.

Una asociación nacional con fuerza podía plantear a los poderes públicos un
espacio para sus reivindicaciones, lo que se traduce en dos cosas,
presencia en los presupuestos y presencia a la hora de la elaboración de
leyes. Creo, y si estoy equivocado pido disculpas, que REBIUN ha dejado de
estar dentro de la CRUE. Si esto es así y no ha habido un clamor
profesional es que no tenemos remedio.

Supongo que sabréis que se está elaborando una nueva ley de patrimonio para
sustituir a la de 1985, que en mi opinión ha sido sumamente provechosa
tanto para nosotros los profesionales como para la sociedad a la que
servimos. Pues bien, nuestra primera tarea sería sin duda personarnos de
forma orgánica en los ministerios o en las comisiones del Congreso que la
están elaborando para exigir que la visión que tenemos de nuestra profesión
se contemple en ese proceso, para que no nos pase igual que con los planes
como el de España Digital 2025 que se han ido publicando en los últimos
meses.

Ahora bien, ¿tenemos claro lo que queremos?

Un fraternal saludo

Xavier Agenjo Bullón